Comentario de la obra “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” de Edgar Morín
Mientras que para algunos el concepto Educación evoca en su sentido más amplio la idea de instruir a través de proporcionar los conocimientos necesarios para manejarse en la sociedad, para el reconocido filósofo francés Edgard Morin (1999), la educación tiene una connotación trascendental dentro de la sociedad, puesto que este pensador la concibe como un instrumento de cambio de mentalidades para las nuevas generaciones, lo que contribuiría a palear lo que el denomina como la catástrofe mundial que amenaza al mundo. Morin enfatiza en la problemática en la cual nos veremos envueltos como seres humanos más temprano que tarde, por lo que hace un llamado de alerta a replantearse ciertas cuestiones.
Actualmente, la sociedad se encuentra inmersa en una infinidad de problemáticas de toda índole, ya sea social, cultural, educacional, política, económica y ecológica, hechos que como futuros docentes nos hace reflexionar sobre cómo será el mundo en el que deberemos educar en cinco, diez o quince años más.
Día a día, observamos por televisión campañas humanitarias que buscan crear conciencia entre las masas, a fin de movernos a cuidar nuestro planeta y así velar por el futuro de quienes serán nuestros hijos y nietos. Sin embargo, los continuos esfuerzos de algunos pocos parecieran ser en vano, y junto con ello la calidad de vida del ser humano parece estar condenada. Es por tal razón que nos preguntamos ¿qué hace falta para que nuestra sociedad despierte del letardo en el que se ve envuelta?, es justo ahí donde aparece el inquietante llamado que realiza Morin al señalar que se debe crear conciencia de que todos tenemos los mismos problemas, y por tal razón lo que se haga afectará a todos de la misma manera. Bajo éste escenario es que a continuación presentamos:
Desafíos para el educador: Barreras a derribar
En un Mundo sumido en un complejo proceso de globalización, la diversidad cultural junto con enriquecer la sociedad en la que vivimos supone un desafío para la labor docente, puesto que exige que el profesorado conciba a sus alumnos como personas individuales, con características personales, únicas e irrepetibles.
El carácter unilateral que en algunos casos aun recibe la enseñanza exige que el profesorado actué como facilitador de un aprendizaje integrador que promueva la interdisciplinariedad y el trabajo conjunto.
Acabar con la idea de que existe una verdad suprema y absoluta que casi por un carácter divino no debe estar sujeta a cuestionamientos o mutaciones.
Derrumbar la idea arcaica que proporcionaba al profesor un carácter infalible, más bien concebirse a sí mismos como seres perfectibles que son capaces de nutrirse con la crítica.
Derribar la concepción de la labor del profesor como mero transmisor de conocimientos, entendiéndolo como el profesional de la educación que tiene la compleja tarea de lograr en sus educandos la comprensión de dichos conocimientos.
Lograr que los estudiantes se consideren a sí mismos como parte activa de la sociedad.
El pensamiento policéntrico defendido por Morin revela su intensión por formar estudiantes integrales, aspecto con el que concordamos, puesto que es importante considerar que la epistemología tradicional tan solo se limita a la observación del conocimiento desde una perspectiva meramente cognitiva, mientras que de acuerdo a la propuesta formulada por este reconocido pensador la construcción del conocimiento debe ser pensada como un proceso cultural, social e histórico, hecho que contribuiría a la formación de lo que consideramos alumnos más preparados y capaces de enfrentar los desafíos que le presenta este mundo.
Como docentes en ejercicio, nos preocupa de sobremanera nutrirnos con herramientas que faciliten nuestra actualización permanente, nuestros objetivos son claros, aspiramos a una transformación que nos permita desarrollar como ideal la educación del futuro, y con esa idea en mente es que planteamos:
Redes Necesarias a construir:
A nivel humano, directamente relacionándose con el estudiante se hace necesario establecer una comunicación estrecha que permita reconocer la individualidad del alumno, interiorizándose tanto con sus aspiraciones, pensamientos, valores, etc.
A nivel grupal, se hace necesario conocer el clima que predomina dentro del curso, sus potencialidades y debilidades, así como las metodologías de trabajo que dan mejor resultado bajo dicha realidad.
A nivel del grupo familiar resulta imperante contar con la presencia y la participación activa de quienes forman parte del entorno más cercano de los estudiantes, pues ello facilitará un trabajo mancomunado contribuyendo a la formación desde distintos frentes.
A nivel social, resulta responsabilidad de todos aportar a la superación de los desafíos en educación, más aun si se considera que uno de los objetivos trascendentales del educar es formar ciudadanos integrales.
A nivel aun más macro, y atendiendo a las necesidades que demanda el siglo XXI se hace necesario establecer redes de comunicación acorde a un Mundo Globalizado donde las Tic´s son una realidad que se ha posicionado.
Con los desafíos y las redes necesarias para superar dichas barreras en mente, es posible establecer:
Qué dice Edgar Morín al Chile de hoy
En su obra Edgar Morin hace referencia a aspectos que serían de gran relevancia para poder generar un cambio dentro de la educación de acuerdo al contexto social e histórico que estamos viviendo. Según Morin, la educación representa la fuerza del futuro, por lo que sería necesario replantearse algunas cuestiones, ya que los nuevos saberes que se van gestando deberían ir de la mano junto con el cambio social. Bajo éste escenario es que el aporte de “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro” nos invita a propiciar un cambio a nivel local, para de esa manera contribuir a un cambio estructural y global.
Hoy día resulta inconcebible continuar insertos bajo un sistema educacional añejo, ignorando las particularidades de quienes tenemos en frente, seres únicos que merecen a lo menos una revisión de nuestra praxis educativa, lo que al mismo tiempo implica erradicar nuestras conductas tradicionales, y reformular las políticas y los programas educativos de nuestro país con miras a largo plazo.
Ahora bien, conscientes de los desafíos que se presentan, nos preguntamos ¿quiénes sino nosotros, los encargados de educar a las generaciones futuras deben asumir esa responsabilidad? Si bien la tarea es de todos, somos nosotros, como profesionales de la educación en ejercicio, quienes debemos centrarnos en cumplir con nuestra parte, tanto haciendo un llamado al cambio, a la reformulación y a la transformación, como trabajando activamente por dicha noble causa que solo busca formar una sociedad con identidad y conciencia terrenal que luche por la conservación de su hogar.
Finalmente, si bien los saberes abordados por Morín en la obra titulada “Los siete saberes necesarios para la educación del futuro”, promueven un interesante debate en el Mundo de la docencia, lo que nos mueve a generar nuestro propio pensamiento ante esta problemática, la cual continuamente ha sido ignorada, cabe señalar que cada uno de dichos saberes no deben ser considerados en ningún caso como una especie de receta mágica que resultará inequívocamente en una mejor educación, sino mas bien, deben ser concebidos en su conjunto, como un camino o pauta a seguir que aspira a una reformulación que daría lugar a la educación que todos esperamos para el presente y el futuro, cambios que exigen trabajar hoy.